El valor de la
palabra en la civilización Guarani (II)
Ohai: David Galeano Olivera
Leer original (hacer clic) en (https://lenguaguarani.blogspot.com/2026/07/el-valor-de-la-palabra-en-la.html)
Para los Guarani la palabra es sagrada; por
consiguiente, con profundo valor religioso; concepto éste desconocido por
nosotros o no usual entre nosotros actualmente. Ellos -a través de la palabra-
solo pueden decir la verdad. Por eso, cuando le ponían o le ponen el nombre a
un lugar no mienten ni imaginan sino que estampan mediante la palabra las
características más exactas del sitio, así: Suruvi’y, Ka’arêndy, Jaguaretekua,
Yvyhûndy o Jukyty. Por otro lado, la palabra solamente se pronuncia cuando es
absolutamente necesario. El ñe’ëngatu u orador es aquel que tiene el “don de la
palabra”; en otros términos, es el “virtuoso de la palabra”.
Opy - Templo --- Tekoha Mbya Guarani Tarumandymi (Luque)
Precisamente, Cadogan en su Ayvu Rapyta nos evidencia
el valor de la palabra, ya que luego que Ñande Ru Papa Tenonde asumió la forma
humana “de la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su
sabiduría creadora, Nuestro Padre El Primero concibió el origen del lenguaje
humano. De la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su
sabiduría creadora, creó nuestro Padre el fundamento del lenguaje humano (la
palabra) e hizo que formara parte de su propia divinidad. Antes de existir la
tierra, en medio de las tinieblas primigenias, antes de tenerse conocimiento de
las cosas creó aquello que sería el fundamento del lenguaje humano e hizo que
formara parte de su propia divinidad. Antes de existir la tierra, en medio de
las tinieblas primigenias, antes de tenerse conocimiento de las cosas creó
aquello que sería el fundamento del lenguaje humano e hizo el verdadero Primer
Padre que formara parte de su propia divinidad”. Por eso, la palabra es
sagrada, porque la palabra es Dios y Dios es la palabra. En cada palabra se
manifiesta Ñande Ru y no cualquier cosa. Ésa es la razón del porqué son poco habladores.
Cosa que mucha gente “blanca” no conoce al no conocerlos. Hasta hoy, aludiendo
despectivamente al indígena, tratamos de ava a aquella persona tímida y
“maleducada”. Nada más lejos de la verdad. En realidad, los indígenas no hablan
sencillamente porque respetan la palabra. Eso no significa que ellos sean
maleducados, malos o poco sociables. Forma parte de su ñande reko.
Precisamente, una anécdota que suelo contar -y que
ocurrió 20 años atrás con uno de los Maestros presentes en la jornada, cuando
eso era Mburuvicha de su comunidad- es aquella en la cual, después de mucho
insistir y sobretodo de habernos ganado su confianza, un día nos invitaron a
participar de un no’övusu o asamblea de líderes o Mburuvicha, una especie de
cumbre presidencial, donde tratan cuestiones de interés general. Es un
encuentro privado, sólo reservado a ellos. Llegamos al sitio, en la zona de
Guajayvi (San Pedro) y nos ubicaron a más o menos 15 metros del opy o sitio de
la reunión. Fuimos advertidos de que no debíamos acercarnos más y también se
nos dejó clara constancia de que el sólo hecho de participar como observadores,
debía ser considerado por nosotros como un privilegio especial, que ellos nos
concedían. Yendo al caso concreto, recuerdo que los líderes llegaron de grandes
distancias, de a pié (15, 30, 50 y más kilómetros) para aquel no’övusu.
Estuvieron 11 en total. Nadie nos explicó cómo se avisaban para participar de
estos encuentros ni porqué las reuniones se realizaban precisamente en dicho
lugar. En fín, el primer día, un martes, se sentaron en unos apyka puku jere
acompañados de sus mujeres y debidamente ataviados. Estuvieron todo el día sin
decirse una sola palabra, absolutamente nada. Se levantaron del sitio
solamente para comer o para cumplir sus necesidades. El día siguiente ocurrió
lo mismo. Y el tercer día, como a la mediatarde, uno de ellos -el inspirado- se
puso de pie y solamente pronunció tres palabras: “ko’áĝa ñañemitŷva’erâ avati”.
Después de escucharlo, todos se pusieron de pie y retornaron a sus comunidades.
Imagínense, se reunieron tres días únicamente para escuchar tres palabras,
palabras sagradas.
Para el paraguayo tradicional y de raíces campesinas
la palabra es sagrada. Cuando un espécimen de ese segmento dice, por ejemplo,
ame'ẽma chupe che ñe'e - ya le di a él / ella mi palabra, está obligado a
cumplirla, ni el fin del mundo va a evitar el cumplimiento de la palabra
empeñada.
No debemos perder de vista en este fenómeno, que un
alto porcentaje de la población sobre todo rural fue y sigue siendo analfabeta
y por consiguiente la única herramienta formal, seria y confiable de
comunicación es el lenguaje oral, es decir, la palabra hablada, dicha u oral.

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