Lengua Guarani

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Ára Pyahu

jueves, 9 de julio de 2026

EL VALOR DE LA PALABRA EN LA CIVILIZACIÓN GUARANI (II)

El valor de la palabra en la civilización Guarani (II)

Ohai: David Galeano Olivera

Leer original (hacer clic) en (https://lenguaguarani.blogspot.com/2026/07/el-valor-de-la-palabra-en-la.html)


Para los Guarani la palabra es sagrada; por consiguiente, con profundo valor religioso; concepto éste desconocido por nosotros o no usual entre nosotros actualmente. Ellos -a través de la palabra- solo pueden decir la verdad. Por eso, cuando le ponían o le ponen el nombre a un lugar no mienten ni imaginan sino que estampan mediante la palabra las características más exactas del sitio, así: Suruvi’y, Ka’arêndy, Jaguaretekua, Yvyhûndy o Jukyty. Por otro lado, la palabra solamente se pronuncia cuando es absolutamente necesario. El ñe’ëngatu u orador es aquel que tiene el “don de la palabra”; en otros términos, es el “virtuoso de la palabra”.


Opy - Templo --- Tekoha Mbya Guarani Tarumandymi (Luque)

Precisamente, Cadogan en su Ayvu Rapyta nos evidencia el valor de la palabra, ya que luego que Ñande Ru Papa Tenonde asumió la forma humana “de la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabiduría creadora, Nuestro Padre El Primero concibió el origen del lenguaje humano. De la sabiduría contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabiduría creadora, creó nuestro Padre el fundamento del lenguaje humano (la palabra) e hizo que formara parte de su propia divinidad. Antes de existir la tierra, en medio de las tinieblas primigenias, antes de tenerse conocimiento de las cosas creó aquello que sería el fundamento del lenguaje humano e hizo que formara parte de su propia divinidad. Antes de existir la tierra, en medio de las tinieblas primigenias, antes de tenerse conocimiento de las cosas creó aquello que sería el fundamento del lenguaje humano e hizo el verdadero Primer Padre que formara parte de su propia divinidad”. Por eso, la palabra es sagrada, porque la palabra es Dios y Dios es la palabra. En cada palabra se manifiesta Ñande Ru y no cualquier cosa. Ésa es la razón del porqué son poco habladores. Cosa que mucha gente “blanca” no conoce al no conocerlos. Hasta hoy, aludiendo despectivamente al indígena, tratamos de ava a aquella persona tímida y “maleducada”. Nada más lejos de la verdad. En realidad, los indígenas no hablan sencillamente porque respetan la palabra. Eso no significa que ellos sean maleducados, malos o poco sociables. Forma parte de su ñande reko.


Precisamente, una anécdota que suelo contar -y que ocurrió 20 años atrás con uno de los Maestros presentes en la jornada, cuando eso era Mburuvicha de su comunidad- es aquella en la cual, después de mucho insistir y sobretodo de habernos ganado su confianza, un día nos invitaron a participar de un no’övusu o asamblea de líderes o Mburuvicha, una especie de cumbre presidencial, donde tratan cuestiones de interés general. Es un encuentro privado, sólo reservado a ellos. Llegamos al sitio, en la zona de Guajayvi (San Pedro) y nos ubicaron a más o menos 15 metros del opy o sitio de la reunión. Fuimos advertidos de que no debíamos acercarnos más y también se nos dejó clara constancia de que el sólo hecho de participar como observadores, debía ser considerado por nosotros como un privilegio especial, que ellos nos concedían. Yendo al caso concreto, recuerdo que los líderes llegaron de grandes distancias, de a pié (15, 30, 50 y más kilómetros) para aquel no’övusu. Estuvieron 11 en total. Nadie nos explicó cómo se avisaban para participar de estos encuentros ni porqué las reuniones se realizaban precisamente en dicho lugar. En fín, el primer día, un martes, se sentaron en unos apyka puku jere acompañados de sus mujeres y debidamente ataviados. Estuvieron todo el día sin decirse una sola palabra, absolutamente nada. Se levantaron del sitio solamente para comer o para cumplir sus necesidades. El día siguiente ocurrió lo mismo. Y el tercer día, como a la mediatarde, uno de ellos -el inspirado- se puso de pie y solamente pronunció tres palabras: “ko’áĝa ñañemitŷva’erâ avati”. Después de escucharlo, todos se pusieron de pie y retornaron a sus comunidades. Imagínense, se reunieron tres días únicamente para escuchar tres palabras, palabras sagradas.


Para el paraguayo tradicional y de raíces campesinas la palabra es sagrada. Cuando un espécimen de ese segmento dice, por ejemplo, ame'ẽma chupe che ñe'e - ya le di a él / ella mi palabra, está obligado a cumplirla, ni el fin del mundo va a evitar el cumplimiento de la palabra empeñada.


No debemos perder de vista en este fenómeno, que un alto porcentaje de la población sobre todo rural fue y sigue siendo analfabeta y por consiguiente la única herramienta formal, seria y confiable de comunicación es el lenguaje oral, es decir, la palabra hablada, dicha u oral.




 

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