lunes, 5 de diciembre de 2011

LECCIONES DEL BICENTENARIO - POR ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE



ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI
Maitei horyvéva opavavépe
David Galeano Olivera

LECCIONES DEL BICENTENARIO
Por Alcibiades González Delvalle – ABC Color 4-12-2011
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Por el sí o por el no, el cuarteto de opera pop, Il Divo, tiene una publicidad que envidiaría cualquier artista. Desde que saltó a la opinión pública la presentación en nuestro país, Il Divo está en todos los medios de comunicación, incluyendo Internet y las redes sociales. Antes de la masiva y gratuita promoción, ignoro cuántas personas habrán escuchado el nombre de –había sido- un celebrado cuarteto. De todos modos, nadie discutió la calidad de los artistas sino el dinero que se gastará en ellos: unos 500 mil dólares. O sea, más de dos mil millones de guaraníes.
A los artistas hay que pagarles por lo que valen. Es una tacañería, y una inmoralidad, regatear el precio de un trabajo artístico y cultural. Estamos acostumbrados a negar los merecimientos de quienes los tienen. Y si los artistas son nacionales, la cosa empeora.
Si el cuartero Il Divo cuesta 500 mil dólares, pues hay que pagarle 500 mil dólares. Pero la cuestión no es sólo el dinero sino la oportunidad. A mi juicio, el cierre de los festejos del Bicentenario tendría que tener el mismo entusiasmo patriótico que tuvo al comienzo. La fiesta inicial nos unió a todos en un verdadero fervor patrio. Nos hizo sentir más paraguayos porque estuvimos en presencia de nuestra rica historia. Nunca, o rara vez, hubo semejante concentración de ciudadanos y de ciudadanas para aplaudir las expresiones artísticas, culturales, históricas, en un sitio emblemático de nuestra vida cívica.
A partir de ese recordado inicio, se han venido realizando en distintos sitios del país los actos memorativos del Bicentenario. Entonces uno se pregunta, ¿cómo no se ha programado para el final una gran fiesta que, como en el inicio, nos hiciese sentir que somos de una patria gloriosa? ¿Vamos a pensar en los distintos y memorables episodios de nuestra historia, escritos a lo largo de 200 años, frente a un grupo extranjero? Por muy bueno que sea, es la expresión de otra cultura. Y no es por la cultura ajena a la nuestra; es por la ocasión en que ella aparece.
No es admisible que un cuarteto de ópera pop, aunque colmado de aplausos, vaya a cerrar el telón de los festejos por los 200 años de nuestra independencia. El regalo, como se viene diciendo, de Itaipú a la ciudadanía es inoportuno a más de costoso. Costoso en exceso y de irritante fuera de tiempo.
¿Regalaría Itaipú 500 mil dólares para que un gran final corone la memoración del Bicentenario a cargo de un grupo de talentos nacionales? ¿O la comisión respectiva nada programó al respecto?
¿Cómo se entiende que al recordar a los próceres que nos dieron una patria para que vivamos libres de extranjeras cadenas, acudamos a manos extrañas para que culminen esa recordación? Se entendería un poco más –solo un poco más por el inmenso costo- que el cuarteto fuese traído en otra oportunidad. Pero no ahora. No para decir adiós a un acontecimiento irrepetible, a un acontecimiento que es enteramente nuestro.
Para que este enojoso asunto se ensombreciese más, aparece el arquitecto Alfredo Vaesken –arquitecto también del afamado Festival del Takuare’ê- con la desagradable noticia de que Itaipú le había despachado con un “no hay dinero” cuando solicitó un modesto 25 millones de guaraníes para el acontecimiento anual que moviliza a cientos de artistas en todo el país.
Del Festival del Takuare’ê, ya se sabe, han salido muchos valores de nuestra música. Es un semillero, a más de una exposición sobresaliente, de nuestro arte. Como toda iniciativa de esta naturaleza, se sostiene con un denodado esfuerzo que debe ser comprendido y correspondido.
En fin, la fiesta del Bicentenario de nuestra independencia tendrá un cierre que niega nuestra independencia artística y cultural.
Leer original en (http://www.abc.com.py/2011/12/04/nota/lecciones-del-bicentenario/)