viernes, 11 de octubre de 2013

12 DE OCTUBRE: MISERIA, REDUCCIÓN, MUERTE, LUTO... NADA QUE FESTEJAR

12 DE OCTUBRE: MISERIA, REDUCCIÓN, MUERTE, LUTO… NADA QUE FESTEJAR
Por: David Galeano Olivera ( * )

Se aproxima un nuevo 12 de octubre. En varios países y ciudades de América y del mundo, se recordará y celebrará lo de siempre: el “Descubrimiento de América”, el “Encuentro de dos mundos”, o el “Día de la raza o la hispanidad”, etc; sin embargo, para otros -que no tienen voz- será la recordación del eterno retorno al prinicipio de la miseria, de la reducción, de la muerte y del luto. Para éstos no hay nada que festejar.



17 Parcialidades Indígenas -según otros 19- sobreviven en condiciones infrahumanas en el Paraguay y que equivalen a unos cien mil últimos Indígenas (casi el 1,5% de la población total del país). A su vez, la mitad de las 17 parcialidades tienen menos de mil últimos miembros; siendo el caso más crítico, el de los Chamakokos que no pasan de 150 últimas personas, que -por consiguiente- están en la línea de la muerte; en otras palabras, próximos a un brutal etnocidio.

De hecho, la historia no se puede cambiar. También, sabemos muy bien que ya mucho se escribió sobre la cuestión; sin embargo, no podemos dejar pasar esta trágica fecha sin -por lo menos- hacer unas breves consideraciones sobre esas cuatro palabras (miseria, reducción, muerte, luto). Las cuatro palabras son concepciones humanas que, sin embargo, encierran ideas y acciones totalmente inhumanas sistemáticamente aplicadas hasta hoy con las Comunidades Indígenas.

Hoy podemos recorrer el Paraguay y fácilmente podríamos descubrir sin hacer ningún esfuerzo, quienes son índigenas y quienes no. El indicador más sencillo será la MISERIA y sus diversas manifestaciones: indígenas expulsados de sus tierras, mendigando en los bordes de aquellas propiedades que alguna vez les pertenecieron; o bien, miles de indígenas mendigando en las calles de los centros urbanos; vestidos precariamente, expuestos al calor, el frío y la lluvia, con toda clase de enfermedades, “viviendo en la calle” sin viviendas propias y dignas de los seres humanos; comiendo porquerías; y una gran cantidad de ellos, ejerciendo la prostitución y sometidos al alcohol, el tabaco y la droga. Para completar -lejos de generar por lo menos la conmiseración de la sociedad- hoy se ganaron apelativos como “sucios”, “puercos”, “ignorantes”, “salvajes”, “zánganos”. Después de lo expuesto, no creo que exista otra imagen que esa, que describa con tanta perfección e inhumanidad a la miseria. Ningún gobierno, incluido el actual, aplicó política alguna a favor de la dignificación de la vida de los seres humanos que componen las Comunidades Indígenas. Sin embargo, todos prometieron el “oro y el moro” durante las campañas proselitistas. En Paraguay, nadie hizo nada, salvo algunos intentos de algunas organizaciones no gubernamentales, constituyéndose en honrosas excepciones pero que no hacen la regla. ¿Y para qué sirve el INDI (Instituto Nacional del Indígena) en su condición actual?, pues… para nada. Incluso los propios indígenas no se dan cuenta de que esa institución, sumida en la más absoluta precariedad y abandono, nunca será la solución a las necesidades indígenas. La problemática indígena es tremendamente complicada y para su solución requiere de sumas varias veces millonarias; y -a fuerza de ser sinceros- eso dinero el Paraguay no lo tiene. Es más -siendo más sinceros aún- la problemática Indígena no fue y no es la prioridad del Estado. Esta afirmación nos conduce a una conclusión “difícil de digerir” pues parece que ya no existe ni existirá solución para los problemas indígenas. El INDI es apenas una burda excusa para mentir a los indígenas y mantener por algún tiempo más la “ilusión” de ellos de acceder a una vida digna y sobre todo de volver a vivir a sus anchas; es decir, como vivían antes de la llegada de los conquistadores. Lastimosamente eso, en las condiciones actuales, ya no será posible. La situación se volvió insostenible. Ellos ya no pueden ni podrán reunirse en su templo a cumplir con su ritual del ñembo’e jeroky. Las sonajas y las takuaras ya no pueden sonar. Ya no pueden beber su kaguy (chicha). Ya no pueden reunirse en asambleas. Ya no pueden cumplir regularmente con ninguno de esos ancestrales principios sagrados y comunes a prácticamente todos ellos. Y pensar que esos principios son la razón de sus vidas. Hace tiempo que los Indígenas comenzaron a borrarse y a sobrevivir en esta amenazadora oscuridad. Se hicieron invisibles a nuestros sentidos (están pero no están), de ahí que nosotros nos hicimos insensibles a sus padecimientos.

Ni los judíos, ni los negros, ni los que padecen cáncer o VIH, etc. han sido tan discriminados y menospreciados como lo han sido las comunidades Indígenas; y no existe peor forma de REDUCCIÓN que aquella que se genera precisamente en la discriminación y el menosprecio. La reducción abarcó sus tierras, sus religiones, sus culturas y en particular sus lenguas. Los conquistadores, en nombre de Dios y del Rey, asesinaron a millones de Indígenas; y los que sobrevivieron a la hecatombe fueron violados, esclavizados y sometidos a toda clase de trabajos forzados. Luego, los misioneros se encargaron de proseguir con la otra reducción, la religiosa, la de la cruz; que también fue violenta, sanguinaria y trágica. Los pocos indígenas que hoy sobreviven son sometidos a la reducción de los latifundistas, de los agrotóxicos y de la degradación ambiental, que constituyen la cara moderna pero perversa de la reducción y de la muerte. Mientras unos cuantos poderosos exponentes de la sociedad alardean mencionando que la agroindustria (la soja, sobre todo transgénica) es la mejor herramienta que permite pagar la deuda externa, cientos de inocentes Indígenas y no indígenas están siendo contaminados criminalmente. Hoy las comunidades indígenas ya no son dueñas de aquellas tierras que tiempo atrás eran de su propiedad. Ellos fueron expulsados de sus tierras por esta jauría de mercaderes de la naturaleza. Hoy, los pocos que quedan, sin los animales silvestres, sin sus árboles y enormes bosques, sin la miel, sin los cursos cristalinos y sanos de agua; se ven obligados a volcarse a la gran ciudad para mendigar un pedazo de pan. Nadie les tiene consideración. Son poco menos que animales.

La MUERTE es el final de todo. Es duro admitirlo, pero la muerte es desde hace más de 500 años la compañera indeseada, implacable y terrorífica de los pueblos indígenas. Ancianos, adultos, jóvenes y niños mueren diariamente. Mueren por causa de la indiferencia, mueren por causa del odio, mueren por causa de las ambiciones, mueren por causa de la ostentación del poder, mueren por causa de las armas, mueren por causa del glifosato y otros agrotóxicos, mueren por causa de la deforestación y de otras formas de degradación ambiental, mueren por causa de la contaminación de los ríos, arroyos y otros cursos de agua, mueren por causa de los grandes y despiadados terratenientes que arrasan sus comunidades, mueren por causa del hambre, mueren por causa de la falta de solidaridad, mueren por causa de las enfermedades, mueren por causa de sed, mueren por causa de la falta de alimentos, mueren por causa de otras religiones y por causa de fanáticos religiosos, mueren por causa de políticos inescrupulosos que manipulan sus votos, mueren por causa de cientos de ONGs que lucran con sus necesidades. También mueren porque ya no tienen su opy (templo), mueren porque ya no pueden hacer sonar sus takuara y sus sonajas, mueren porque ya no pueden realizar su ñembo’e jeroky, mueren porque ya no pueden preparar ni consumir su kaguy, mueren porque ya no pueden usar sus jeguaka o akângua’a (vincha), sus mbo’y (collar), sus tembeta o sus namichâi (aros); mueren porque ya no pueden decir las palabras sagradas (ñe’êngatu); mueren porque la tierra que según ellos no tiene dueño, ahora si lo tiene; mueren porque los animales que según ellos no tienen dueños, ahora si los tienen; mueren porque las plantas que según ellos no tienen dueños, ahora si los tienen; mueren porque ya no tienen sus asientos en los fogones, y mueren porque ya no tienen sus tekoha (aldeas) y por consiguiente ya no pueden reunirse cotidianamente para agradecer a Ñande Ru por cada nuevo día que amanece, por las hermosas flores, por el dulce canto de las aves, por la gratificante circunstancia de vivir un nuevo día con amor, justicia, solidaridad, alegría; en síntesis, progresar en la búsqueda del tekokatu (vida plena).

La miseria, la reducción y la muerte nos conducen al cuarto término: LUTO. En efecto, el luto es la más significativa de las cuatro palabras, ya que implica dolor y tristeza; que es lo único que inspira este 12 de octubre. De manera hipócrita, en esa fecha escucharemos, una vez más, unas cuantas poesías, una andanada de promesas o algún lacrimógeno compromiso de buenas intenciones pero que solamente forman parte de la rutina de la fecha. Habrán actos a favor y en contra, cuatro o cinco Indígenas serán entrevistados por la radio y la televisión; algunos medios impresos les dedicarán no más de media página; las ONG publicarán algún pronunciamiento o manifiesto; en las escuelas y colegios se les recordará a los alumnos que “los indígenas son nuestros hermanos” y en su “homenaje” leerán en los libros alguna miserable y breve alusión a los indígenas. Leerán que los Indígenas “habitaban”, “recorrían” y “se alimentaban”… pero todo en tiempo pretérito pues todos los libros escolares -que sirven para educar- ya dan por muertos a los indígenas, es decir, ya fueron.


Me hubiera gustado escribir un texto más optimista, más agradable y sobre todo más humano pero es imposible. Las circunstancias no dan para eso. La situación es crítica. Hace mucho tiempo que el ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI viene denunciando los padecimientos que sufren los hermanos Indígenas que habitan el Paraguay, pero nadie escuchó nuestros lamentos. Hemos aportado lo que pudimos. Procuramos crear conciencia en la ciudadanía al respecto, ya sea en reuniones, congresos, instituciones educativas, y en Internet (varias de nuestras denuncias han sido reproducidas en numerosos sitios de todo el mundo). El ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI no tiene los recursos; en otras palabras, no tiene dinero, solamente está imbuido de buenas intenciones. Lastimosamente, en esta problemática las buenas intenciones no sirven para nada.

Es urgente y perentorio que las autoridades nacionales hagan algo a favor de los Pueblos Indígenas; ya que si eso no ocurre, el fin de los tiempos se acercará más raudamente a ellos. Los Indígenas están tocando fondo y eso es trágico. Por eso digo, así como están las cosas: 12 de octubre: miseria, reducción, muerte, luto… nada que festejar.


(*) Profesor universitario. Doctor en Lengua y Cultura Guarani. Presidente (Director General) del ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI. Escritor bilingüe. Traductor público





1 comentario:

Iris AGUIRRE dijo...

Mil gracias, estimado señor doctor profesor Galeano, de mostrar el Paraguay de los verdaderos Paraguayos. Une miseria total, una verguënza para el Gobierno.