domingo, 30 de octubre de 2016

SOLEMNES TRADICIONES: DÍA DE LOS DIFUNTOS

SOLEMNES TRADICIONES: DÍA DE LOS DIFUNTOS
POR CARLOS CAÑETE VILLAMAYOR (ABC REVISTA)
       A pocos días de rememorar la festividad de todos los difuntos, ahondamos en los orígenes, costumbres y alcance de una festividad relevante para la tradición cristiana, exponiendo diversos ritos cimentados en la oralidad sociocultural de nuestro país.
       Ya sea fugaz o longeva, la muerte está presente en la vida desde la concepción. Por más incertidumbre que provoque su llegada, tal y como expresa el escritor irlandés Oscar Wilde: “Podemos curarnos de todo hoy en día, menos de ella”. Nuestros antepasados nativos tenían la creencia de que, en realidad, nunca abandonábamos este transcurrir, sino que cambiábamos de forma, resurgiendo de otro modo. “En el Museo de la Cultura Guaraní de Itaipú, así como en el Centro Cultural de la República El Cabildo, existe evidencia de los rituales mortuarios que realizaban los guaraníes; algunos, incluso, con más de 10.000 años de antigüedad, corroborados con la prueba del carbono 14”, explica el licenciado en Antropología y doctor en Lengua y Cultura Guaraní, David Galeano.
       “Se trata de unas urnas de barro, con forma de cántaro, en las que el difunto era colocado en posición fetal, tal si fuese una semilla que germinaría nuevamente. Al tratarse de un pueblo nómada, varios años después, regresaban al sitio donde enterraron los cuerpos, para rescatar sus huesos y utilizarlos en su protección espiritual”, agrega el investigador, quien también es profesor en la Universidad Nacional de Asunción.
Con el periodista Carlos Cañete Villamayor, el 18 de octubre de 2016
ORALIDAD, COLONIZACIÓN Y CRISTIANISMO
       Con la llegada de las misiones evangelizadoras a América, se instauró una visión sociocultural distinta, mermando la mayoría de los rituales autóctonos y sobreponiendo las costumbres de la Iglesia (especialmente católica).
       “Desde entonces y hasta nuestros días, la oralidad en la transmisión de las costumbres relacionadas con la cultura popular de la muerte, en nuestro país y varios más de la región, tiene profunda y estrecha relación con el arraigo, apego y reproducción de estas manifestaciones, muy latentes aún en gran parte del interior y, con menor medida, en ciudades aledañas a la capital”, refiere el antropólogo.
       “Cuando preguntaba a la gente acerca del origen o el porqué de estas tradiciones, simplemente contestaban ‘porque sí’”, subraya con hilarante picardía.
ANGELITO, LLORONAS, PREGONEROS…
       Con el devenir del tiempo y la asimilación de ritos originados en doctrinas cristianas, existe un cúmulo de usos y manifestaciones populares relacionados con la muerte y lo que se visualiza en torno a ella.
       “Una de las creencias más importantes y de mayor preponderancia ocurre cuando fallece un niño. Hasta los siete años se considera que este no tiene ningún pecado mortal, por lo tanto, es puro y se lo entierra en un cajón blanco, con listones celestes o rosados”, comenta Galeano.
       “El dedo meñique de su mano derecha se toma como un poderoso amuleto (kurundú), que aún hoy se corta y guarda; algunas veces, incluso, incrustándolo dentro de la piel, y se cree que su portador no morirá mientras lo lleve”, argumenta.
       “Durante su velorio no es bueno llorar, porque sus alas pueden mojarse y no regresará al cielo. Generalmente, es la madre quien carga el féretro, custodiada por un coro de niños con flores en las manos y un ambiente que, a pesar del dolor, debe ser mucho más solemne”, ejemplifica entre anécdotas que le tocó presenciar.
       “Otro caso es el de las lloronas. Aunque suene extraño, cuando el servicio es para un adolescente –en el que se emplea un cajón marrón– o un adulto –en el que se usa un ataúd negro–, se suele contratar a una o más mujeres que lloran durante el velorio. Un caso peculiar ocurrió hace tiempo en Paraguarí, donde una de estas personas incumplió el acuerdo y no recibió remuneración alguna, ya que no lloró durante el velatorio”, continúa ejemplificando.
       “Los pregoneros, esos que cantan con voz lastimera y doliente, aparecen, ya con menor frecuencia, el 2 de noviembre o el Viernes Santo, dedicando sus estrofas a cada panteón o nicho y recibiendo un aporte voluntario de los allegados del difunto”, expresa.
OTRAS TRADICIONES
       “Dejar un vaso lleno de agua debajo del cajón, por si el difunto tiene sed, es muy importante y aún lo apreciamos en los servicios más sofisticados de la capital, donde casi ya nadie llora ni usa luto; costumbre que antes era muy rigurosa. Quien prepara el altar del novenario no lo desmonta. Las nueve velas que lo conforman deben apagarse una a una, dejando la última encendida hasta que se consuma sola. El día del último rezo se sirve un karu guasu y así, entre anécdotas y coloquios, se rinde tributo a la memoria del difunto”, sentencia el profesional.
       El 2 de noviembre, la tradición cristiana recuerda el Día de los Difuntos. “Es usual ver a los familiares y amigos compartiendo en torno al nicho, panteón o lápida de un ser querido. Algunos albañiles aprovechan y ofrecen pintar los columbarios, y los vendedores de flores, paños, cruces y comida se congregan cerca de los cementerios, aprovechando la afluencia de gente”.
       Estas costumbres difícilmente desaparecerán ante el trajín cotidiano y, si bien llegaron de muy lejos, adoptaron un lenguaje tradicional, fruto de la oralidad de nuestra nación y el modo peculiar que tenemos de rendir tributo a aquellos que, finalmente, permanecerán sonriéndonos cada vez que los recordemos.
Agradecimiento: Ana Ivanova.
Fotos ABC Color/David Quiroga/Gustavo Báez.
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Leer CONFERENCIA “LA MUERTE EN LA CULTURA PARAGUAYA”, EN LA UNAM DE POSADAS, en (http://lenguaguarani.blogspot.com/2016/10/conferencia-la-muerte-en-la-cultura.html)